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Zonas de conflicto

Preguntas a partir de Zonas de conflicto de Daniel G. Andújar donde plantearse la relación entre proyecto, realidad y su representación digital

Ante el actual panorama político y militar de estos días, queríamos aportar algunas palabras. Y mejor que cualquier declaración, lo que deben aparecer en estos momentos son buenas preguntas. ¿Por qué? sería la más evidente, pero quizás baste otra, siempre fundamental: ¿desde dónde miramos o pensamos estos hechos?

Para abordar esta cuestión básica, proponemos la trayectoria de uno de nuestros colaboradores en el IED y la Editorial, Daniel G. Andújar, quien hace poco exponía en el Reina Sofía su retrospectiva de media carrera, Sistema operativo, y que acaba de clausurar Zones of Conflict en la Haus der elektronischen Künste de Basilea.

Para quien no lo conozca aún, extraemos una presentación de José Luis Pardo presente en Sistema operativo: “La obra de Daniel G. Ándujar se mueve toda ella en el ámbito experimental de las consecuencias políticas y estéticas de estas dos coordenadas de transformación simbolizadas por las revoluciones tecnológicas: por una parte, el nacimiento de nuevas formas de socialidad, que necesariamente han de implicar nuevas formas de avasallamiento y de emancipación, de expolio y de lucha, de conflicto y de pacificación; y, por otra parte, las modificaciones que ello comporta en las prácticas artísticas, entendiendo por tal cosa no solamente la actividad de los artistas, sino la entera estructura de la institución arte y la concepción y creación de cultura tal y como la modernidad la concibió y la implantó”.

En todo ello siempre han sido cruciales sus reflexiones sobre los recursos y prácticas de la Red, recogidas en buena parte en su serie Technologies to the People, para en definitiva -como también cuenta Pardo- plantear experimentos que no son más que “una tentativa para permitir a quienes están sometidos a los dictados de lo global una forma de imaginar sus relaciones con sus condiciones materiales de existencia”.

Estas piezas se pueden convertir con facilidad en un ¿desde dónde? o un hacer que nos lo preguntemos, poniendo en evidencia los instrumentos de una sociedad global y también en situaciones específicas muy ligadas a un contexto. La clara consecuencia consiste en que logra activar un proceso crítico que deconstruye nuestra mirada y remite a nuestro más inmediato entorno.

El momento actual está marcado por la globalización, pero también por la reacción a la misma. Sin duda, se ha tendido a una homogeneización de los comportamientos, generando aquellos “no-lugares” que popularizó Marc Augé; sin embargo, son también curiosos otros fenómenos donde “lo local se apropia de productos, lenguajes, experiencias y modelos culturales globales, acomodándolos a sus particulares cuadrículas interpretativas (…) Lo que sucede es que en este ámbito globalizado, cada grupo crea su propia identidad local en relación con un marco global, reflejándose en una lógica de proximidad universal”, como constata Francesco Morace.

Ante este panorama, ¿qué quiere decir “situarnos”? Ese estar in situ implica relacionarnos con un contexto, pero también imaginar la producción de otras situaciones, para hacer posible la creación de nuevos vínculos y que el deseo de un proyecto común pueda adquirir mayores cotas de realidad. Porque en este paisaje de continuas apropiaciones y relocalizaciones, transferencias y nuevas identidades, se pone de manifiesto el carácter increíblemente mutable de la realidad, pero también su tendencia a la paradoja, algo que es especialmente tangible en el terreno de la publicidad.

Zonas de conflicto de Daniel G. Andújar supone una nueva etapa dentro de las cuestiones políticas y sociales que viene abarcando en los últimos años, reflexionando sobre la representación de la realidad en el mundo digital. En su propuesta Andújar reúne colecciones de diversos medios de comunicación que utiliza para sus proyectos, que en último término nos remiten a las estructuras de poder de los sistemas sociales dominantes, a la jerarquía y al papel que la tecnología ha tomado como instrumento de control del Estado.

No obstante, también cabe señalar que Andújar utiliza las estrategias de representación de medios de una manera irónica y crítica, poniendo en cuestión si verdaderamente las tecnologías de información y comunicación defienden su compromiso con los valores igualitarios y democráticos.

En definitiva, con Zonas de conflicto Daniel G. Andújar recoge varias situaciones que plantean una vez más cuestiones básicas sobre las características de Internet, su supuesta utopía comunicacional y como espacio democrático, para que entren en juego otros conceptos como la censura, los sistemas económicos, la domiciliación de los conflictos y los movimientos de protesta en un contexto de crisis geopolítica.

Tras estas circunstancias, aparecen en este escenario tácticas subversivas de ocupación y de desobediencia civil. ¿Cuál es nuestra posición en el mundo digital?, ¿cuál es nuestra responsabilidad en la construcción de un lugar común?, ¿qué relación hay entre la realidad y su representación digital?, ¿cuáles son las estructuras de poder actuales?, ¿estamos dispuestos a renunciar a libertad por seguridad y control?…

Este mapa de conflictos podría relacionarse con varias teorías que tienen que ver con la inseguridad o la fugacidad del mundo en el que vivimos, desde Todo lo sólido se desvanece en el aire de Marshall Berman a Modernidad líquida de Zygmunt Bauman; sin embargo, en las obras de García Andújar el espectador anestesiado puede percibir con claridad que esa realidad, sobre la que había tomado una distancia de seguridad, está más cerca de lo que posiblemente esté dispuesto a reconocer.

La reconstrucción de esta historia permite repensar algunos conceptos y uno que se vuelve necesario en este contexto es el de “habitar”, una vez que sabemos que el habitar armonioso no es más que una ilusión. En el mundo de hoy debería recobrar su dimensión propositiva convirtiéndose en verdadero proyecto.

Quizás sea posible entonces la unión de poéticas y políticas, pero para ello debemos preguntarnos de nuevo ese “desde dónde”, porque la propia definición de público y privado nos remite a una distancia que se configura en el juego de miradas y las formas de representarlas. Si asumimos la realidad sin ocultar las tensiones que alberga y potenciamos esa dimensión activa, la propia obra de arte se convierte en un novum, un laboratorio donde proyectar el mundo y donde encontrar nuevas gramáticas que sirvan a este fin, abriendo la posibilidad de construir una esfera pública diferente, puesto que el tradicional espacio público se ha transformado ahora en un vasto espacio de consumo que se está rediseñando en función de criterios de seguridad que encubren prácticas excluyentes.

Por ello mismo, parece necesario que estas propuestas artísticas se reúnan como una forma más de activismo basada en una amplia “ciudadanía”, es decir, que incluya de alguna manera una dimensión política, aunque sea de bajo nivel, pensada inicialmente al menos como campo de reflexión e interpretación de una realidad entendida como esfera pública global, como aparece en el trasfondo de sus declaraciones para el Observatorio Cultural del IED y presentes en el número 4 de los Cuadernos de Diseño.

Preguntarse hoy por el papel “ético” del arte se torna algo necesario. El arte se ve entonces no solo como reflejo del mundo en el que vivimos, sino también como posibilidad de su transformación, ya que la pluralidad del arte fomenta la pluralidad de ideas. Esta disposición se orienta entonces hacia el juicio de un espectador-ciudadano, quien no debería percibir ciertos hechos como aislados e inocuos, sino como parte de un entorno común. Esta posición podría coincidir pues con las palabras con las que Ulrich Beck termina sus reflexiones sobre el terrorismo y la guerra, en las que cita a Kant: “Pensarse como miembro conciliable con una comunidad cosmopolita según el derecho de ciudadanía es la idea más sublime que el hombre pueda tener de su determinación”.

Por tanto, es básico pretender la reinvención de la política en el mundo actual, no dejándose llevar únicamente por el dictado de lo global, ejerciendo así una responsabilidad individual y abriendo cauces de comunicación entre diferentes comunidades. Ser conscientes de los peligros que entrañan los ropajes de utopía o de la aparente seguridad, quizás nos salve de ideologías o respuestas excesivamente abstractos. Hagámonos preguntas para proyectar un mundo aún habitable.

Daniel G. Andújar (Almoradi, 1966) vive y trabaja en Barcelona. Creó sus primeras obras a finales de 1980, cultivando sobre todo el vídeo. Al principio experimentó con las posibilidades creativas de Internet. En 1996 fundó Technologies To The People. En este contexto también promovió diversos proyectos colectivos en Internet, como art-net-dortmund, e-barcelona.org, e-valencia.org, eseoul.org, e-sevilla.org, e-stuttgart.org, postcapital.org, o e-madrid.org, entre otros. Sus obras han sido expuestas en numerosas exposiciones en todo el mundo, destacando la del Museo Nacional Reina Sofía.

Imagen de portada de Zonas de conflicto. Fuente: HeK

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